Articulo
Aprender a leer el viento Convenio socioeducativo entre el Liceo Francés y el Yacht Club - Por César Bianchi

En el Liceo Francés de Montevideo unos 230 niños y adolescentes desde 2003 a la fecha han aprendido escalada, canotaje, remo en kayak y navegación a vela. La práctica de estos deportes náuticos no es una mera actividad opcional y extracurricular, sino una asignatura trimestral no calificada en notas, pero sí en conceptos. Y los alumnos, según los docentes del colegio, no egresan como navegantes dispuestos a competir, pero al menos reciben una formación integral en disciplinas acuáticas.

“Cuando nos mudamos al Buceo, el entorno en el que estábamos emplazados nos favorecía la práctica de deportes acuáticos”, explica la maestra Gabriela Artagaveytia.

Por eso, en 2003 presentó junto a su colega Damián Brossard el proyecto “Iniciación a la navegación a vela en la escuela”. Las autoridades del Liceo Francés lo leyeron y de inmediato dieron su apoyo. Va por su novena edición: consiste en educar en la práctica de la náutica a niños desde los 10 años hasta los 12. Cada trimestre consta de ocho clases y desde la cuarta ya aprenden a avanzar solos siguiendo lo que mandata el viento. “El niño se inicia en Optimist, una embarcación a vela aplicable para niños de 8 a 15 años, pero vimos que la mejor edad donde están física y mentalmente preparados es a los 10 años, en quinto de escuela. En sexto de escuela, con 11 o 12, continuamos”, detalla. Del programa participan unos 70 chicos cada trimestre.

Para Artagaveytia, el objetivo principal es “tomar del deporte los elementos que sirven para crecer y que se desarrollen capacidades o competencias”. Desarrollar competencias es un concepto pedagógico, dice, útil para que los jovencitos luego se desenvuelvan mejor en la vida. Así las cosas, en un ejercicio de matemáticas, no sólo aprenden a dividir o multiplicar; aprenden a resolver problemas, a investigar o argumentar. O en Literatura, por ejemplo, son capaces de analizar desde otros puntos de vista una poesía vinculada al mar, luego de su primera navegada a bordo de un monocasco.

“En estos deportes acuáticos es lo mismo. Ellos aprenden a conducir las cuatro opciones básicas de navegación a vela. Pero además, desarrollan capacidades motrices, de abstracción como la geometría, aprenden a trabajar en equipo porque a un barco hay que prepararlo entre todos”, explica.

También aprenden nociones de seguridad en una embarcación que los obliga a asumir responsabilidades: si no hacen el nudo correcto, el palo se cae; cómo manejar un timón, chequear cada elemento de seguridad y saber usarlos, cómo reaccionar frente a una racha de viento.

Artagaveytia –maestra de quinto de escuela y quien mentó el proyecto- dice que al sacar a los niños de deportes con pelota y llevarlos al mar, todos empiezan desde cero. “Capaz que al chiquito que en la cancha todos se lo llevaban puesto, en el agua tiene habilidades y resulta ser un líder. Al cambiar los roles, cambia la dinámica del grupo y estamos enseñando otra manera de convivencia”. Eso es lo que le importa: que la actividad náutica socioeducativa se convierta en un motor de aprendizaje para la vida.

En plan alegórico están las mini regatas o competencias de postas en el agua, donde los nóveles navegantes se enfrentan al fracaso como una parte natural de cada actividad. Según Artagaveytia, “las situaciones de aprendizaje los obligan a poner a prueba sus habilidades, a explorar permanentemente, a formular hipótesis, analizar situaciones, adquirir aprendizajes sistemáticos y ganar autonomía”.

Para llevar adelante este proyecto, el Liceo Francés no está solo. No podría hacerlo sin la participación del Yacht Club del Buceo que presta sus instalaciones, su infraestructura (los monocascos, los Optimist diseñados para niños) y hasta los profesores que entrenan a los pequeños.     

Muchos chicos, una vez que egresan del centro educativo, terminan haciéndose socios del Yacht Club y continuando su relación con el mar. De eso se trata: “En esta sociedad vivimos de espaldas al mar, lo que no es lógico con tantos kilómetros de costa. Esto es insertarse en el medio, no como apropiándose del medio sino formando parte de él”, afirma la maestra.

“Un chico no le dice al viento lo que tiene que hacer; tiene que saber leer el viento y adaptarse”, concluye.

Publicado el 20/01/2012